Much More than 70 Years of History

Abraham, the leader and creator of one of the most influential ideas in all of human history began his journey listening to G-d when he told him ”Go forth from your native land and from your father’s house to the land that I will show you.”

In this moment he left everything that he knew to pursue a promise—an illusion. Perhaps in this beginning remained closed part of the significance of this land. More than the concrete aspects of a location, above all of its physical qualities, and more important and more relevant that its natural riches was an idea –a concept—a value that allowed it to transcend all the circumstances of history and continues to live more than 4,000 years later.

The first Hebrew was transformed in what he is called to on be when he decides that it is not the comfort one what one knows where once can become actualized, and that its not about what your eyes can see, and when you understand that to reach important things you be impart and involve your entire being.

The story of Abraham is the story of the first Aliyah. It is the first sacrifice that someone of our people was prepared to make, transcending the natural egoism and planning a future construction to be enjoyed by the next generations.

From there we are accompanied by the conviction that this land is much more than this. That regardless of its size, it can accommodate a great people. Regardless of its fertility from here can grow inspirational ideas in universal messages. Regardless of its success, they maintain a special relationship with God and will defend the faith in him. Regardless of how many people ask, they elevate an ethical code and a law to construct a better world for us all. And it doesn’t matter the possession and the presence, never will be forgotten.

There is no unified response that can explain this phenomenon that exists without a parallel in all the other nations. There is no way to rationalize such a love maintained for so long a time in even the worst of conditions. In all the repertoire of stories, books and materials there exists no parallel about such a small place abandoned for so long. There is no explanation of how there could be so much spirituality and religious devotion in this place even in such adverse conditions.

We live in a world and in an age in which if we want to believe that every generation must make its own path, and must develop its own map. That the youth must take the liberty to draw their own destiny. That they must not have obligations or feel impositions. Nonetheless, we are faced with an example of continuity from generation to generation, where youth of the last generations are those who worked hardest and collaborated with its reconstruction. In ages of few values and few commitments, Israel continues to have young people ready to make sacrifices for its survival.

During the past 2000 years we were a globalized people and we were able to maintain contact even though the technologies to facilitate it weren’t developed. We lived in different countries, spoke different languages, grew up in diverse cultures but nonetheless managed to maintain a common name that was indispensable in returning to reunited us in our land when the basic political conditions allowed for it. It was a miraculous that in the midst of such diversity there could emerge a country, that revived its language and reconstructed the institutions necessary to achieve self-governance, and that laid the foundation to receive all Jews from all around the world without importance to their economic condition or academic preparation.

But the main change that it produced, the greatest transformation that took place, and perhaps the true miracle that started a be possible over 140 years ago, was when Jews ceased to go to the holy land to be buried there and started to go to live there. When the dream was no longer to rest in peace, but to live in peace. When Israel ceased to be a final destination and began to be a path to self-actualization.

As such Israel returned to be the location that permits a people to recapture part of its live—to live with time organized by its calendar, to speak its language on a daily basis, to work to reach its values, to walk in the same paths as its founders, to see that same mountains that inspired its prophets and to continue the history that its ancestors began.

Of course there are many pending challenges. There remains much to be built, much to improve and many changes to make. But in these days of celebration and evaluation we can have the certainty to know that the path we travel is full of achievements, that we can have feel proud of being part of it, and that this history still has much more to produce.

In Hebrew we have two words to describe might: “Koach” and “Gevurah”, the first of which describes the force necessary to win a war. The second is the courage needed to make peace. It is my sincere wish that Israel have both of these, and once having attained the second, will never again need the first.

Rabbi Fabian Skornik

 

Mucho más que 70 años de Historia

Abraham, el líder y creador de una de las ideas más influyentes de toda la historia de la humanidad, inicia su travesía escuchando a Dios cuando le dice: “Vete de tu tierra, del lugar de tu nacimiento, de la casa de tus padres, a la tierra que te mostraré”.

En ese momento deja todo lo conocido por él y se encamina detrás de una promesa, de una ilusión. Y quizás en ese comienzo quedó encerrado parte del significado de esa tierra. Más que lo concreto y material de un lugar, por encima de sus cualidades físicas, y más importante y relevante que sus riquezas naturales, había allí una idea, un concepto, un valor que fue lo que le permitió trascender todas las circunstancias de la historia, y continuar viva más de 4000 años después.

El primer hebreo se transforma en quien es llamado a ser cuando decide que no es la comodidad de lo conocido donde uno puede realizarse, que no se trata solo de lo que tus ojos son capaces de ver, y cuando comprende que para conseguir cosas importantes tenés que jugarte entero e involucrarte con todo tu ser.

La historia de Abraham es la historia de la primera Alia, es el primer sacrificio que alguien de nuestro pueblo está dispuesto a hacer, trascendiendo el egoísmo natural, y proyectando una construcción a futuro, para ser disfrutada por las próximas generaciones.

Desde allí nos acompaña la convicción que esa tierra es mucho más que eso. Que no importa su tamaño, podrá albergar a un gran pueblo. No importa su fertilidad, de allí crecerán ideas inspiradoras y mensajes universales. No importa su éxito, mantendrán una relación especial con Dios y defenderán la fe en Él. No importa cuanta gente lo pida, elevarán un código de ética y una ley para construir un mundo mejor entre todos. Y no importa la posesión y la presencia, nunca la olvidarán.

No hay una respuesta única que pueda explicar este fenómeno sin igual entre las naciones. No hay forma de racionalizar tanto amor mantenido a lo largo del tiempo en las peores condiciones. No existe paralelo en la producción de cantos, libros y material sobre un lugar tan pequeño y durante tanto tiempo abandonado. No se explica como de allí pudo surgir tanta espiritualidad y devoción religiosa, en condiciones tan adversas.

Vivimos en un mundo y en una época en que se nos quiere convencer que cada generación debe hacer su propio camino, y debe desarrollar su propio mapa. Que los jóvenes deben tener la libertad para trazar su propio destino. Que no deben tener mandatos ni sentir imposiciones. Sin embargo estamos frente a un ejemplo de continuidad de generación en generación, donde son los jóvenes de las ultimas generaciones los que más trabajaron y colaboraron con su reconstrucción. En épocas de pocos valores y pocos compromisos Israel sigue contando con jóvenes dispuestos al sacrificio y la entrega por su sostenimiento.

Durante los últimos 2000 años fuimos un pueblo globalizado, pudimos mantenernos en contacto aunque la tecnología que lo facilita no estaba desarrollada. Vivimos en diferentes países, hablamos distintos idiomas, crecimos en culturas diversas y si embargo logramos mantener una llama en común que fue indispensable para volver a reunirnos en nuestra tierra cuando las condiciones políticas básicas lo permitieron. Fue milagroso que en medio de tanta diversidad pueda emerger un país, que resucitó su idioma, que reconstruyó las instituciones indispensables para lograr un autogobierno y que sentó las bases para poder recibir a todos los judíos del mundo sin importar su condición económica ni su preparación académica.

Pero el mayor cambio que se produjo, la transformación más grande que tuvo lugar, y quizás el verdadero milagro que empezó a posibilitar esto fue hace algo más de 140 años, cuando los judíos dejaron de emigrar a Tierra Santa para ser enterrados allí, y empezaron a emigrar para vivir allí. Cuando el sueño no era más descansar en paz, sino vivir en paz. Cuando Israel dejó de ser el destino final y pasó a ser el camino de autorealización.

Así Israel volvió a ser el lugar que permite que un pueblo recupere parte de su vida: vivir en un tiempo organizado por su calendario, hablar cotidianamente su idioma, trabajar para alcanzar sus valores, caminar por los mismos senderos que sus fundadores, mirar las mismas montañas que inspiraron a sus profetas, y continuar la historia que comenzaron sus antepasados.

Por supuesto que hay muchos desafíos pendientes. Queda mucho por construir, mucho por mejorar y muchos cambios por realizar. Pero en estos días de celebración y de evaluación podemos tener la certeza que el camino recorrido está lleno de logros, que nos pueden hacer sentir orgullosos de ser parte de esto, y que esta historia todavía tiene mucho más para producir.

En hebreo tenemos 2 palabra para decir fuerza: Coaj y Guevurá. La primera de ellas, es la fuerza necesaria para ganar una guerra. La segunda es el coraje que se necesita para hacer la paz. Deseo de corazón que Israel tenga ambas, y que alcanzando la consolidación de la segunda no necesita nunca más de la primera.

 

Rabino Fabian Skornik Comunidad Lamroth Hakol, Buenos Aires, Argentina