Abraham Skorka: ‘El Papa es un genio desarmando el protocolo’

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Francisco continúa poniendo patas arriba el modo de hacer las cosas en el Vaticano. La prueba es el viaje a Tierra Santa que ayer comenzó, y que ha decidido realizar junto a un amigo judío y a un amigo musulmán, a los que conoce de su época de arzobispo de Buenos Aires y quienes ahora forman parte del séquito papal. El compañero de fatigas judío, que lo acompañará esta tarde a la visita a Jerusalén, es el rabino argentino Abraham Skorka, de 63 años, uno de los arquitectos espirituales de este viaje y quien ya hace 20 años, en una de sus largas conversaciones con su amigo el cardenal Jorge Mario Bergoglio, le dio vueltas a la idea de viajar juntos a Tierra Santa. Eran tiempos en los que los dos argentinos soñaban desde Buenos Aires con eliminar la distancia -no sólo geográfica- entre Roma y Jerusalén. Un sueño muy atrevido que ahora van a tratar de hacer realidad.

Un rabino y un Papa amigos… ¿Cómo se conocieron ustedes, como comenzó su relación?
Yo, como rabino, representaba al culto israelita los 25 de Mayo y 9 de Junio, los días que se conmemora la independencia argentina. Cuando Bergoglio era arzobispo de Buenos Aires instauró que esos días los representantes de los distintos cultos tuvieran el mismo tratamiento en el servicio religioso, que no hubiera privilegios. Y también instauró que al finalizar el tedeum los representantes de los distintos credos saludasen al arzobispo de Buenos Aires y al nuncio apostólico mientras el presidente de Argentina esperaba. Al Papa, como usted sabe bien, le gusta mucho el fútbol y tiene gran memoria. Yo soy seguidor del River y por aquel entonces, era 1999, mi equipo iba muy mal mientras que el San Lorenzo, el equipo del Papa, iba muy bien, de hecho ganó la liga. Cuando llegó mi turno y le saludé le hice un comentario exegético, y me esperaba que me respondiera teológicamente. Pero no, me dijo: «Yo creo que este año comemos cazuela de gallina». Como seguramente sabe, a los seguidores del River los hinchas de los equipos rivales nos llaman gallinas… Con esa frase desarmó todo tipo de protocolo, es un genio desde ese punto de vista, sabe cómo acercarse a la gente.
Y a partir de ahí…
A partir de ahí empezamos a caminar juntos. Porque detrás de ese chiste había una intención, el deseo de que habláramos claro, de que trabajáramos juntos, sin acartonamientos, mirando a los hechos. Yo le entendí y él entendió que había abierto una puerta, mi puerta. A partir de ahí los dos tuvimos la valentía de hacer cosas, de no tener miedo, de avanzar hacia delante. Yo le invité en dos ocasiones a que diera el mensaje previo al nuevo año judío, algo histórico. Y él me invitó a dar clases en el seminario metropolitano de Buenos Aires, donde se forman los sacerdotes católicos. Hicimos juntos muchas actividades: organizamos oraciones interreligiosas por la paz, escribimos un libro juntos, hicimos 31 programas de televisión juntos… Y tuvo gestos impresionantes: la única biografía autorizada que hay suya, y que se llama El Jesuita, quiso que la prologase yo.
Y ahora usted, un rabino, y un musulmán acompañan al Papa en su viaje a Tierra Santa, como miembros del séquito papal. Nunca antes se había visto algo así…
Sí. Es algo completamente nuevo, un signo de los nuevos tiempos.
¿Y por qué cree que el Papa Francisco ha tomado una decisión tan rompedora?
Lo que yo le puedo decir es que si nosotros nos llevamos tan bien es porque los dos pensamos que la religión no es seguir adelante con las costumbres. Las costumbres, la tradición, sólo son el envase que guarda dentro el fuego, pero lo importante es el fuego. El fuego es lo que importa, no los protocolos o seguir haciendo las cosa de un modo porque siempre se han hecho así. Y el fuego indica, en nuestros tiempos de un modo muy especial, que debe haber diálogo interreligioso y un compromiso entre las religiones. En primer lugar, y antes que nada, por la paz y por el entendimiento entre la gente, y también para ayudar a la gente a que encuentre su dimensión de espiritualidad. Y eso para el judaísmo, el cristianismo y el islam significa descubrir la dimensión que nos acerca a Dios, a establecer un diálogo con Dios. Un hombre de dios, ya sea un rabino o un sacerdote, tiene que tener coraje espiritual. Como los profetas, no puede callar ante la iniquidad. Y es por eso por lo que creo el Papa ha invitado a este viaje a gente de otros credos.

Diálogo interreligioso

¿Estamos entonces ante una nueva era en lo que respecta al diálogo entre católicos y judíos?
Sí, esa es la sensación que tenemos muchos. El compromiso de Bergoglio con el diálogo interreligioso es evidente y lo es desde mucho antes de convertirse en Papa. Es una persona totalmente comprometida con el diálogo interreligioso en general y con el judío en particular. Francisco entiende, y con mucha razón, la importancia superlativa del diálogo con los judíos, ya que la matriz del cristianismo es el pueblo judío. Es imposible entender la historia del cristianismo sin la historia del pueblo judío. Son dos religiones que luego se fueron desarrollando divergente y paralelamente, y cuya relación hay que acercar. El diálogo, como le digo, ya comenzó mucho antes de que Bergoglio fuera elegido Papa. Lo que hay que enfatizar es que, siendo Papa, sigue siendo el mismo. En otra dimensión, sí, pero la esencia de Francisco es Jorge Mario. Ahora va vestido de blanco, pero es exactamente el mismo. Como dice Elisabetta Piqué en su libro Francisco, vida y revolución [Editorial La Esfera de Los Libros], este Papa es revolucionario porque quiere hacer cambios para corregir aquello que está mal y profundizar en aquello que está bien. En ese sentido creo que con este Papa la relación con el judaísmo va a ser excelente y se va a profundizar aún más. Lo importante ahora es ver, como líder religioso y jefe de un Estado, en qué medida Francisco puede dar un empujón a la paz en Oriente Medio, a la paz entre palestinos e israelíes. Creo que el Papa puede ser un catalizador para la paz en Oriente Medio.
Y en ese sentido, ¿qué desafío cree que tiene por delante el estado de Israel?
Yo creo que el desafío del estado de Israel, la existencia de judíos en la tierra de Israel, no debe excluir a otra gente. Lo importante es que se den las condiciones para que, dentro de un esquema democrático como es el estado de Israel, se pueda recrear el legado custodiado durante miles de años de la espiritualidad y la cultura judía. No se olvide de que el motor del movimiento sionista, de aquellos judíos que en el XIX comenzaron a ir a Israel en condiciones durísimas, era que fuéramos un pueblo en nuestra propia tierra histórica. La idea era recrear el sentido judaico desde un punto de vista no religioso, sino de humanismo judaico. Y yo creo que el desafío es que se recupere este humanismo. El desafío del estado de Israel es que sea el Estado para los judíos pero sin excluir a otra gente, que dentro de la cultura democrática se puedan dar las condiciones para que la cultura judía pueda recrearse plenamente. El transformar al hebreo en una lengua viva es por ejemplo uno de los éxitos más grandes que ha tenido el movimiento sionista.
¿Entonces está a favor de la solución de los dos Estados, uno judío y otro palestino, que es lo que desde hace tiempo defiende el Vaticano?
Sí, estoy a favor de los dos Estados, sí, sí. Existe una población palestina y existen áreas donde ellos son mayoría. Por supuesto que estoy a favor de los dos Estados, una realidad que la historia muestra cada vez con más fuerzas. Y no sólo estoy a favor de dos Estados, sino de dos Estados que sepan ayudarse mutuamente, dos Estados que mantengan su propia identidad pero que realicen muchas empresas comunes en el terreno industrial, científico… De hecho esas empresas comunes ya existen. Quiero dos Estados y una relación constructiva entre ellos. La guerra no conduce a nada, tiene que llegar un momento en el que acabe toda la violencia, en el que se ponga fin al tratar de expulsar el uno al otro, en el que se fijen unos límites claros, se termine la lucha y empecemos a vivir. Morir por la patria no es el ideal, el ideal es vivir por la patria.
¿Que cree que esperan los judíos del viaje de Francisco a Israel? ¿En que lo van a medir?
Todos ya saben de él, saben del cariño especial que Francisco tiene hacia el pueblo judío. Lo van a medir por sus gestos de cariño, que seguro va a reafirmar, y por su profundo, cuidadoso y sencillo modo de dar signos de entendimiento y clamar a Dios para que ayude a que haya paz. Estoy seguro de que utilizando un léxico muy cuidadoso, muy equilibrado, respetando las sensibilidades de ambos pueblos, querrá abrazar a todos para que todos sepan que tienen que abrazarse. Creo que en el corazón de todos los judíos en Israel va a dejar un mensaje importante.
La visita de Francisco al Yad Vashem, el museo del Holocausto, será seguramente uno de los momentos más significativos de este viaje, ¿no cree?
Sí. Para él la Shoah [Holocausto] es algo muy especial… Él considera que si bien hubo otros genocidios en el siglo XX, desde un punto de vista espiritual este es un genocidio único. El dolor del pueblo armenio y de tantos otros pueblos en el siglo XX que han sido víctimas de genocidios a Francisco le provoca un espanto horroroso. Pero entiende que en el caso de la Shoah hay un punto muy especial: se quiso borrar de la faz de la tierra a un pueblo que daba testimonio de la existencia del dios viviente. Francisco lo dice de una manera muy especial, y lo que me gustaría es que se leyeran sus palabras textuales, porque es muy cuidadoso en sus palabras. Habla de una manera muy sencilla pero muy profunda, midiendo muy bien las palabras e incluso los términos que él inventa en castellano, los verbos, son muy precisos. Porque, como otros grandes, Francisco inventa términos para significar algo.
En Israel acaba de salir el libro de sus diálogos con el Papa, originalmente titulado Sobre el cielo y la tierra y que aquí se llama Sobre Roma y Jerusalén. Según el presidente israelí, Simón Peres, esos diálogos «nos llenan de confianza, provocan inspiración y dan esperanza a la paz»…
Es una conversación franca, abierta y sincera sobre los temas sensibles que afectan al hombre de nuestros días. Hablamos de las personas y sus problemas. Por ejemplo, hablamos del ateísmo, del capitalismo, del comunismo, del conflicto palestino-israelí, de los años oscuros en Argentina, de la homosexualidad, etc. Son pequeños capítulos donde se analizan los temas que resultan más acuciantes para el hombre de nuestros días. Algunos con una proyección especialmente judaica como la Shoah donde pueden ver la franqueza de nuestro diálogo o temática universal como el diálogo entre religiosos, el ateísmo, el diablo, la formación de los líderes de las religiones…
¿Cómo fueron realmente esas conversaciones?
Como siempre. Quisimos mostrar un testimonio de lo que significa un diálogo interreligioso, donde hay un respeto absoluto de las partes. Donde nadie se siente superior al otro. Como arzobispo de Buenos Aires, Bergoglio me decía constantemente: «Estamos en el mismo nivel». Discutíamos como iguales. Discutir significa intercambiar ideas, tratar de entender e interpretar al otro, en el sentido profundo de la palabra discusión que no es un sinónimo de reyerta. Polemizar, pensar juntos, usar la simpatía y empatía para forjar un diálogo donde nadie trata de convencer de nada al otro sino incentivar en el otro más pensamientos para enriquecer su propia identidad.
¿Qué relación mantiene en estos momentos con Francisco? Supongo que se ven menos que antes…
La relación que tengo con él es exactamente la misma que tuve antes de que fuera elegido Papa. Evidentemente es menos fluida porque él está en Roma y yo en Buenos Aires. Si antes estaba muy ocupado con la realidad local argentina, ahora lo está a nivel universal. Prácticamente todas las semanas intercambiamos emails, trabajamos sobre cosas que queremos alcanzar y elaboramos cosas con respecto a este viaje.

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